viernes, abril 27, 2007

De llamar la atención a convertirse en imbécil


Regreso a Venezuela luego de pasar dos meses en Argentina. Si me hubiesen preguntado en enero ¿cuáles son las patologías más comunes en Caracas? Hubiera respondido: Histeria, Egocentrismo, Histrionismo y Egolatría, en ese orden.

Hace un par de semanas me hice la pregunta y cambié la respuesta: Egolatría, Histeria, Egocentrismo e Histrionismo.

A estas alturas del partido, no sé si es que la gente cambió o que estoy observando algo que no veía. Pero lo que sí tengo claro, es que hay un comportamiento cotidiano que obvia al otro, como si no importara, incluso como si no existiera. Da la impresión que es una actitud profundamente infantil; lo cual en un niño no es nada grave. Pero cuando esto se ve a diario, en gente adulta, la cosa asusta.

¿Qué tipo de persona es la que teniendo 30, 50, 45 años, va por la vida creyendo que el mundo gira a su alrededor? ¿Qué aporte social podrá realizar? ¿Cómo puede formar a sus hijos?

Leo hace unos minutos el blog de una amiga; escribió algo sobre unas "amigas" que la envidian. Me pregunto ¿Est@s ególatras podrán brindar amistad?... Por supuesto que no, la egolatría no permite que la gente vea al otro, lo sienta, lo aprecie; requisito imprescindible para que existan la amistad, el compromiso, la camaradería, la solidaridad.

Qué peo ¿no?... La nación necesitando que la gente empuje el carro... y mucha gente mirándose el ombligo. Más que arrechera, da tristeza. En Buenos Aires por lo menos tienen la gentileza de ir a terapia, o de reconocer que hay algo que no está bien. Aquí, ni por el carajo reconocen que algo está mal.

Me decía una psicólogo en una oportunidad "Cuando se reconoce que se tiene un problema, se ha resuelto la mitad del problema". Es decir, estamos con las dos mitades. Ya no es una cuestión de querer llamar la atención, ahora la nota es ser imbécil. Tal vez es que la "generación boba" (como bien la definió el psiquiatra Edmundo Chirinos, a comienzos de los 80) involucionó un tanto más y ahora es "la generación idiota".

Lo jodido de vivir como el Jack Nicholson de "One flew over the Cukoo's nest" (Alguien voló sobre el nido del Cucú, o como la tradujeron en Venezuela "Atrapado sin salida") es tener que calarte a la enfermera, que está empeñada en darte una pastilla que tú sabes no necesitas.

En la Gran Caracas, la frase anterior se traduce en una especie de empatía psicológica: si tú no sigues el juego, te llaman antipático, indiferente, capitalista, fascista, chavista, rompe grupo, loco. Si lo sigues, te vuelves loco.

Caracas, es una florecita roja que nacía al pie del Ávila, pero en realidad: es la lucha diaria, por no ser imbécil.